| |
Por
su indudable interés en estos momentos, publicamos la propuesta de Futuro
Notarial para superar la inaceptable situación de exclusión y
enfrentamiento creada por la carta de los once Decanos electos que puede
verse en esta página bajo el título "Desilusión". Asimismo publicamos
las respuestas que algunos compañeros han difundido a la citada carta.
Propuesta de Futuro Notarial:
¿QUIÉN NO QUIERE LA UNIDAD DEL NOTARIADO?
El
comunicado remitido a todos los notarios de España por once de los
diecisiete Decanos electos en los últimos comicios constituye un grave
e inexplicable error cometido en unos momentos en los que el objetivo
común debía ser la unidad del Notariado para hacer frente a los grandes
retos que el notariado tiene que encarar próximamente y, en especial,
la anunciada 'Hoja de Ruta' en la que, presuntamente, se van revisar
las bases de nuestro sistema de seguridad jurídica preventiva.
La
decisión se ha tomado con exclusión absoluta de los Colegios de Aragón,
Castilla-La Mancha, Castilla-León, Cataluña, La Rioja y Madrid, cuyos
Decanos electos se han enterado del comunicado por el mismo envío
masivo del que hemos sido destinatarios todos los notarios y sin que
haya habido ningún contacto previo con ellos, hecho este último que, al
parecer, ignoraban la mayoría de los firmantes del documento.
Dejar
fuera de los órganos de gobierno del Notariado a los dos colegios con
más peso político (Madrid y Cataluña) sin haber intentado contar con su
participación debilitará enormemente la posición de nuestra corporación
en unos momentos tan delicados como los que atravesamos y puede
producir una quiebra irremediable en la pretendida unidad. Por si fuera
poco se deja fuera del acuerdo a seis colegios que representan casi la
mitad de los notarios en activo.
La propuesta que se ha conocido no
es de unidad sino de división y, si prosperase, provocaría una fractura
muy grave y difícil de soldar, pues escindiría al notariado
prácticamente en dos mitades. Después de la última etapa que hay que
superar, de desencuentros y enfrentamientos, el notariado no se puede
permitir de ninguna manera seguir desangrándose cuatro años más por una
herida que ahora no haría sino agrandarse.
Además la extemporaneidad
de la declaración es evidente pues el sentido común y el reglamento de
régimen interior del Consejo determinan que la elección de los cargos
se producirá en la sesión constitutiva de este órgano y previa
exposición del programa de actuación por los posibles candidatos;
Concluir el escrito con el llamamiento a la unidad que contiene el
último párrafo del comunicado es una auténtica burla al efectuarse en
el mismo texto en que se prescinde de la mitad del colectivo dando un
golpe de mano letal para el futuro del notariado.
Desde FUTURO
NOTARIAL hacemos una llamada a la sensatez y a la unidad, especialmente
en un momento crucial para la profesión como es el presente. Dadas las
circunstancias y considerando la situación como de auténtica emergencia
es imprescindible un gobierno de unidad que sólo puede lograrse, dada
la situación creada por el comunicado, con la aplicación de criterios
objetivos. Por ello proponemos que el Consejo General del Notariado
esté gobernado por los cuatro mayores colegios y por el más reducido en
número de colegiados, en este último caso para que esté presente la voz
de los colegios de menores dimensiones.
De esta forma estaría
presidido por el Colegio con mayor número de colegiados (Cataluña, 557
notarios), ostentando la vicepresidencia el segundo colegio más
numeroso (Andalucía, 551), formando parte de la comisión permanente,
además, los otros tres (Madrid, 382 , Valencia, 382 y La Rioja, 26).
Constituido
así el Consejo estará garantizada la presencia de la mayoría del
Notariado en su órgano más importante y las resoluciones serán fruto
del debate siempre enriquecedor.
Es el momento de demostrar quién está por la unidad y quien no.
Carta de José María Madridejos:
Javier:
Puesto
que te has dirigido a mí de forma personal y directa, me parecería
grosero e injusto dejar de contestar en la misma forma a tu mensaje
para hacerte saber mi divergencia con tu punto de vista.
Todos
sabemos que desgraciadamente el sistema representativo del notariado no
es totalmente democrático por que no se basa en el sufragio directo y
así lo habéis querido los que habéis sido responsables de la nueva
redacción del reglamento.
Precisamente por esa deficiencia es
especialmente importante el respeto a las formas y procedimientos que
se deben seguir en el órgano de representación del notariado.
El
hecho de que, resucitando el "espíritu del Santo Mauro", os hayáis
vuelto a reunir una parte de los decanos, eso sí mayoritaria, para
adoptar decisiones transcendentales sin dar no ya voto si no ni
siquiera voz a representantes de un sector importantísimo del notariado
hace que vuestro "proyecto" nazca con un carácter excluyente que en mi
opinión hace que nazca muerto y abocado al fracaso.
La difusión a
través del correo electrónico que en esta ocasión le has dado a vuestra
actuación no anula el carácter secreto y excluyente con el que se ha
adoptado, si no que consigue su verdadero objetivo: herir y hacer
sentirse arrinconados a los decanos a los que se ha excluido de
participar o de dar su opinión y por ende, al menos en mi caso, a la
parte del notariado a la que representan. No tengas ninguna duda de que
como notario de Madrid me siento totalmente ninguneado y me consta que
la misma sensación tienen demasiados compañeros. Creo que esto no es
deseable para nadie.
Si no me equivoco, esta privación de voz y voto
a una parte importantísima del notariado que va a seguir siendo el
principio inspirador del núcleo mayoritario del consejo, no estaba
recogida explícitamente en ninguno de vuestros programas electorales.
A
esto hay que añadir el secretismo que caracteriza vuestra actuación,
dando a entender que el futuro del notariado depende exclusivamente de
un grupo de sabios iniciados de cuyos conocimientos y decisiones
debemos quedar excluidos no sólo los notarios de a píe si no incluso
los decanos que no han sido ungidos en ceremonia iniciática y jurado
secreto y fidelidad perruna al "Sumo Sacerdote Secreto" y su "Proyecto
Místico".
Lo siento mucho, pero todo esto, en los cruciales momentos
en que vivimos me hace ser enormemente pesimista sobre el futuro del
notariado.
Os pido por favor que reconsideréis vuestra actitud,
informéis a vuestros compañeros en el Consejo y escuchéis lo que tienen
que aportar, que creo que no es poco. Estoy seguro de que todos ellos
actúan y trabajan exclusivamente por los intereses del notariado y no
en contra de ellos y su bagaje humano, profesional e intelectual no es
precisamente despreciable.
Por último, no deja de sorprenderme que
ahora propongáis como presidente a Ojeda a quien sólo le quedan dos
años para la jubilación, esto era precisamente uno de los argumentos
que utilizasteis para justificar la exclusión de Aristónico. Puestos a
ser transparentes podríais comunicarnos ya desde este momento quiénes
van a ser el presidente y el vicepresidente dentro de dos años, seguro
que eso también está decidido y no ha sido un argumento menor dentro de
vuestras negociaciones, aunque creo que para el notariado hubiese sido
más importante buscar el dotar al cargo de estabilidad.
No quiero
acabar sin agradecerte públicamente el tiempo y el esfuerzo que tú y el
resto de los decanos dedicáis al notariado y que sin duda sería más
productivo si buscaseis el ir cerrando heridas y no el abrirlas, es
mucho, muchísimo más lo que nos une que lo que nos separa, sed
flexibles, los proyectos están para adaptarse a los momentos y a las
personas y no a la inversa. Gracias por escucharme y un abrazo.
José María Madridejos
Notario de Madrid
Carta de Vicente de Prada:
Querido Javier:
Te
contesto por este mismo medio y con los mismos destinatarios, a la
carta que me has enviado anunciando la próxima constitución del Consejo
(al fin y al cabo los sellos de estos correos electrónicos son gratis).
En
primer lugar te diré que tu carta me desconcierta, ya que no acabo de
entender el motivo por el que nos la remites. Entre las reformas
introducidas en el Reglamento Notarial no está la que muchos
esperábamos, una democratización real del cuerpo, que nos hubiera
permitido tener algo que decir en la elección que nos anuncias. No
tienes, por tanto, que hacer campaña con nosotros, ya que no somos ni
vamos a ser tus electores. Y soy consciente de que lo que te digo a
continuación poco puede hacer para cambiar el rumbo que parece que ya
han tomado las cosas.
En cualquier caso, y por si acaso con la
remisión de la carta lo que pretendes es abrir un debate en el que
todos los notarios podamos intervenir desde nuestros despachos o casas,
aprovechando las nuevas tecnologías, te daré mi opinión sobre lo que
nos anuncias. (Opinión que pensaba que era mayoritaria, pero que, ante
la mínima cantidad de compañeros que han contestado a tu misiva, creo
que debe ser más bien minoritaria. Por cierto que, ya de paso, animo
desde aquí a todos a que se manifiesten para no sentirme tan solo).
Antes
de decir nada te ruego que me disculpes por el duro tono de la carta,
pero creo que es importante que refleje mi estado de ánimo.
Tu carta
me produce una gran preocupación. Dices que el nuevo Consejo "debería
seguir profundizando en el reforzamiento de la función notarial como
función pública al servicio de los ciudadanos y de las administraciones
públicas, con la utilización decidida de las nuevas tecnologías,
continuando la labor desarrollada por el ultimo Consejo, que
compartimos y agradecemos." No puedo estar sino en completo desacuerdo
con esa afirmación. Lo que debería hacer el Consejo es dar un giro
radical en la forma de buscar esos objetivos.
En mis veintidós años
de ejercicio como notario nunca he vivido una época más negativa para
nuestros intereses corporativos que la que comprende los últimos cuatro
años. Durante este periodo lo único que hemos hecho es recibir una
bofetada tras otra, eso sí con la actitud muy cristiana de poner la
otra mejilla. La función notarial no ha salido reforzada de estos
cuatro últimos años, sino todo lo contrario: se aprecia en la
administración un menosprecio de nuestra labor (no hay más que recordar
las sucesivas rebajas arancelarias que han llegado incluso a la
gratuidad de nuestra actuación [que a mí, personalmente, me resulta
insultante]) y una paralela desconfianza (como se aprecia en las
modificaciones, momentáneamente detenidas [aunque no precisamente por
las gestiones del Consejo], que se iban a introducir en la facturación
de nuestros servicios y en el sistema de impugnación) que igualmente
raya en el insulto. Este clima no es sino responsabilidad del Consejo
actual, que no ha sabido hacer ver a la administración la importancia
que, estoy convencido, tiene nuestra labor (ya sea función o profesión).
El
tema de las nuevas tecnologías merece tratamiento aparte. Te será
difícil encontrar un notario más abierto a las nuevas tecnologías de lo
que lo soy yo. Pero las novedades introducidas por éstas en nuestra
función han sido un motivo de desazón, que me ha hecho maldecir a los
causantes de tales desatinos.
No sé a quién, en el actual Consejo,
se le ocurrió que la informática, en lugar de ser un instrumento de
ayuda en mi trabajo, debía ser un instrumento de tortura.
Quién
decidió que lo lógico no es que el programa y el ordenador se encarguen
de coger los datos que ya he introducido en la escritura para pasarlos
al índice, revisándolo la persona encargada de ello, sino que es mejor
volver a meter los datos a mano dos o tres veces seguidas (renunciando
a la base de datos de clientes que en mi programa de gestión me evita
esos problemas).
Quien decidió que, para fastidiarme todavía más,
debo contratar una conexión a Internet (mucho más cara que la que ya
tenía) que, aunque se vende como otra cosa, va a la velocidad que
teníamos en el despacho hace cuatro o cinco años, de manera que ahora
me conecto a Internet más rápido en mi casa que en la notaría.
Quién
decidió que no es mejor primero acabar un programa y luego empezar a
usarlo, sino que lo bueno es ir dándose las bofetadas en su uso
cotidiano y que luego colapsemos los teléfonos de ANCERT, para que allí
nos contesten encogiéndose de hombros. Un programa que, por cierto, nos
ha convertido a todos los notarios en lo peor que podía convertirnos:
en mentirosos. Porque mientes tu, miento yo y mentirá cualquier
compañero que diga que hace el cotejo de las fichas que exige el índice
único.
Y esto, que puede sonarte a agua pasada, porque hablamos del
índice único, se está repitiendo ahora cuando bajo la amenaza
(igualmente paralizada de momento) de la famosa rebaja arancelaria,
tenemos un programa para la presentación telemática incapaz de
gestionar más de cinco presentaciones simultáneas. Y te digo esto con
un cabreo fenomenal después de pasar el puente de la Constitución
intentando enviar el asiento de presentación de una escritura dirigida
a 85 Registros de la Propiedad, que tres días después sigue todavía
coleando.
En resumen, creo que la actuación del Consejo en materia
de nuevas tecnologías ha sido nefasta y, por supuesto, manifiestamente
mejorable. Y te lo digo reconociendo la importancia que este campo
puede adoptar en nuestra profesión.
Si toda esta gestión se hubiera
desarrollado en un clima de buenas relaciones dentro del Consejo, por
lo menos me hubiera quedado un hilo de esperanza, pensando que en el
Consejo estabais preocupados por mis problemas y que trabajabais
duramente para solucionarlos.
Sin embargo el clima existente en el
Consejo se ha asemejado más al de un patio de colegio, en el que un(os)
decano(s) se oponen sistemáticamente a todo lo que proponen los demás
(y no entro a juzgar quién ha empezado o quién tiene o no tiene la
razón). Donde unos decanos juegan a quitarle la silla al disidente (o
incluso al que puede serlo y se presenta a las elecciones). Donde
desaparece de un día para otro un decano de la página web del Consejo
(con la estúpida excusa presentada de que al caducar su firma digital,
se ha desvanecido su nombre de la página web). Donde unos decanos (sin
duda por su superior categoría) se permiten negar a otros el derecho a
examinar las cuentas del Consejo o las de ANCERT, con artimañas que no
pueden calificarse sino como de primero de primaria. Donde un decano
(precisamente el que ha organizado este disparate informático), en una
carta que apareció fugazmente publicada en internet, se permite el lujo
de insultar a otro decano, tratándole en un tono que seguramente no
usaría con un empleado suyo. Y ello porque resulta que piensa de los
índices algo muy parecido a lo que pienso yo mismo y muchos otros
notarios de España. Carta por cierto en la que ese mismo decano se da
el gusto de hablar de "la guarnición de Madrid" (de la que supongo que
formaremos parte los notarios de ese Colegio).
Por todo lo anterior,
coincido con otro compañero que ya ha contestado a tu carta, señalando
que cualquier notario que haya formado parte de la Comisión Permanente
debe estar claramente inhabilitado para formar parte de la cúpula del
Consejo. Los actuales han demostrado su incapacidad para solucionar los
problemas como adultos, quedando a la altura de colegiales. La
continuidad en la línea iniciada por este Consejo no puede llevarnos
sino a la ruina profesional
Todo lo anterior te lo digo, por
supuesto, con todo el respeto que me merecéis personalmente (y muy
particularmente tu mismo) y con el agradecimiento que creo que debemos
teneros, por trabajar desinteresadamente para el notariado, sacando de
ellos únicamente palos como este que te dirijo.
Dicho lo anterior,
no puedo callarme el pensamiento que tengo para aquellos decanos que no
han trabajado desinteresadamente, sino que han contado con una
compensación. Ellos, en mi opinión, no se han ganado el sueldo que han
cobrado.
Recibe un fuerte abrazo.
Vicente de Prada
Notario de Madrid
Carta de Alfredo Barrau:
Con
profundo pesar leí ayer la carta remitida por Javier Guerrero. En mi
modesta opinión, creo que la contestación de José María Moutas (al
quién no tengo el gusto de conocer físicamente) es SUMAMENTE ACERTADA.
Que el Colegio de Madrid y Barcelona, o Barcelona y Madrid, me da lo
mismo, tengan un fuerte peso en el futuro Consejo, no solo entra dentro
de la lógica práctica, sino que es consecuencia de la propia
proporcionalidad democrática.
En todo lo demás, suscribo
íntegramente la carta de nuestro compañero José María, y en verdad os
ruego a todos los Decanos electos, una profunda reflexión. Incluso me
atrevería a decir, una cierta dosis de humildad, para poder llegar a un
acuerdo conjunto, que nos haga ver a todos los notarios, estemos donde
estemos, con despachos grandes o pequeños, en ciudades o pueblos, un
frente común y unido, donde cada uno aporte todas sus cualidades y
capacidades, que hay muchas, y si fuera el caso que en la lucha se
fracasase, al menos no nos quede el resentimiento de que la causa haya
sido nuestra propia división interna. Y lo mismo opino respecto de
nuestra relación con el cuerpo de Registradores, que no nos quepa duda
alguna, el día que uno caiga, no pasará mucho tiempo sin que el otro
vaya detrás.
Un fuerte abrazo a todos y feliz día.
Alfredo Barrau
Notario de Madrid
|