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Con gran sorpresa hemos recibido la reciente, y estimamos que poco afortunada, sentencia del Tribunal Supremo anulando, total y/o parcialmente, determinados artículos del nuevo Reglamento Notarial dictada en virtud del recurso del Colegio de Registradores, especialmente en lo que se refiere al control de legalidad notarial de los documentos autorizados e intervenidos.
No obstante, esperamos que, con el pertinente recurso contra ella y las medidas legislativas convenientes, la situación vuelva a su cauce, sin olvidar que existen preceptos legales -y la lógica de la vida misma- que establecen y reconocen como ínsita en el Notario esa función obligatoria de control de la legalidad.
Como base real para semejante ataque se ha utilizado el argumento de que nosotros cobramos directamente de los interesados que vienen a nuestro despacho, lo que determina, según los que lo alegan, que no tengamos independencia para controlar la legalidad de lo que hacemos. Pero no olvidemos que los notarios -y así lo demuestra una trayectoria notarial de siglossomos personas con una arraigada y firme ética profesional y que decimos que no a lo que hay que negarse a hacer y además, hay unas normas disciplinarias y legales que, en caso de incumplimiento, corrigen y sancionan las muy escasas actuaciones incorrectas. Además, y usando solamente a efectos dialécticos el mismo argumento en el caso de ellos, ¿es independiente y puede controlar la legalidad de lo que inscribe aquél que cuanto más documentos despacha más devenga?.
Preferimos a alguien ética y jurídicamente bien formado y disciplinaria y penalmente bien controlado, aunque su trabajo se lo pague justamente el que utiliza sus servicios, que a otros menos controlados y que cobren sueldo fijo. La historia demuestra palmariamente la bondad del sistema, habiéndose conseguido, en los casi ciento cincuenta años desde la Ley del Notariado, un ejemplar sistema de seguridad jurídica del que han sido beneficiarios la propia sociedad para la que los notarios trabajamos y los que inscriben cómodamente en sus despachos los documentos que autorizamos.
En fin esperamos que esta situación lleve a todos -ellos, nosotros y los demás, sin excepción- al convencimiento de que no son acertados los caminos que a veces se escogen para conducirse por la vida.
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